BREVE HISTORIA DE PIURA -  TOMO I

TIEMPOS PRE-HISPÁNICOS

Reynaldo Moya Espinosa

Carátula

Contenido

Del autor

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPITULO VIII

LOS GUAYACUNDOS. 

 

01.- Los guayacundos de Ayabaca.

02.- El poblamiento de la sierra piurana.

Los petroglifos de Samanga.

03.- Ubicación geográfica de los guayacundos.

Su origen.

04.- El desenvolvimiento cultural de los guayacundos.

05.- La confederación de los guayacundos.

06.- Origen de la voz guayacundo.

Estudios.

07.- Las ruinas de Aypate.

Su ubicación.

Su descubrimiento.

Cinco expediciones.

Camino de acceso.

La plaza central.

El complejo A

El complejo B.

La pirámide.

El cerro Granadillo.

Importancia de las ruinas.

08.- El señor de Olleros

 

El descubrimiento de las ruinas

La existencia de las ruinas se habían conocido desde hace mucho tiempo, pero no se había hecho una descripción y menos un estudio de las mismas. Todo estaba envuelto en la fantasía y en la transmisión de leyendas y mitos de los campesinos del lugar, que miraban al cerro con respetuoso temor. Los rebaños de los pequeños ganaderos pastaban en las faldas del cerro, pero no se atrevían a escalarlo y menos cuando llovía y la tempestad arreciaba sobre su cumbre en un concierto de rayos, relámpagos y truenos. En esos montes, el temor supersticioso aumenta por que el cerro se ponía bravo, al decir de las gentes. 

Ha correspondido al doctor Mario Polía, catedrático del curso de arqueología de la universidad de Piura, el mérito del descubrimiento científico de las ruinas de Aypate. 

La profesora Ruth Rodrich Sarango, que acompañó a Polía en varias expediciones que en forma especial visitó la región de Samanga, hizo un breve relato de las seis expediciones que organizó el catedrático Polía a Aypate. 

La 1ra expedición se realizo en junio de 1971 y sirvió para descubrir las ruinas y establecer que no se trataba de una simple leyenda. 

Con la seguridad de que las ruinas eran de gran importancia, ya que cubrían un área de dos kilómetros cuadrados se gestionó la autorización del Gobierno para continuar la labor de exploración. Con la colaboración del Instituto Nacional de Cultura, pudo obtenerse la resolución suprema N° 839 de noviembre de 1971 que autorizaba a la universidad de Piura a efectuar las investigaciones arqueológicas.