Make your own free website on Tripod.com

BREVE HISTORIA DE PIURA -  TOMO I

TIEMPOS PRE-HISPÁNICOS

Reynaldo Moya Espinosa

Carátula

Contenido

Del autor

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPITULO VIII

LOS GUAYACUNDOS. 

 

01.- Los guayacundos de Ayabaca.

02.- El poblamiento de la sierra piurana.

Los petroglifos de Samanga.

03.- Ubicación geográfica de los guayacundos.

Su origen.

04.- El desenvolvimiento cultural de los guayacundos.

05.- La confederación de los guayacundos.

06.- Origen de la voz guayacundo.

Estudios.

07.- Las ruinas de Aypate.

Su ubicación.

Su descubrimiento.

Cinco expediciones.

Camino de acceso.

La plaza central.

El complejo A

El complejo B.

La pirámide.

El cerro Granadillo.

Importancia de las ruinas.

08.- El señor de Olleros

 

05.- La confederación de los guayacundos.  

Ubicación de los Guayacundos

Podemos llamar guayacundos a los antiguos habitantes de Ayabaca, recién a partir de 1400 DC. En cuanto a su organización política y a los primeros pasos para constituirse en un verdadero estado, los guayacundos habían avanzado más que los tallanes   

Tenían una confederación bien estructurada que funcionaba tanto en tiempos de paz como de guerra. 

Periódicamente los curacas se reunían en una gran asamblea a manera de consejo de estado o de parlamento, para discutir los asuntos de interés general y adoptar acuerdos, de cumplimiento obligatorio para todos, porque iba a ser en provecho de todos.  

Para vigilar el cumplimiento de esos acuerdos, elegían un gobernador que al parecer lo renovaban periódicamente, en forma tal que evitaba que uno de ellos tuviera la tentación de convertirse en un rey o algo parecido. Por otra parte el tal gobernador parece que era un simple administrador de asuntos públicos, pues el cronista es bien claro cuando dice que los confederados no reconocían a ningún señor. 

Cuando había guerra con tribus de afuera, se juntaban las fuerzas confederadas y de común acuerdo elegían un comando militar al cual obedecían ciegamente.  

Dice el cronista que tenían sus pueblos y fortalezas.

En efecto, no sólo había una gran cantidad de poblaciones pequeñas, sino algunas más evolucionadas que podríamos llamar ciudades, como Caxas, Ayabaca la Vieja y Callúa. Sobre esta última no se han descubierto las ruinas, pero Cieza de León dice que en Callua habían buenos edificios, pero no mejores que los que los Incas construyeron en Huancabamba. 

El cronista Diego Trujillo se refiere a Caxas como un pueblo de grandes edificios, con tres acllahuasis en donde habían 500 enclaustradas. El autor anónimo de la conquista dice: “Llegaron a un pueblo (los españoles)  que era grande y en unas casas muy altas hallaron mucho maíz y calzado, otras estaban llenas de lana y más de 500 mujeres  no hacían otra cosa sino ropas y vino de maíz para la gente de guerra, en aquellas casas había mucho de aquel vino. Este pueblo estaba muy destruido por la guerra que les había dado Ataballpa“. 

Esta Caxas era la que habían hermoseado los incas y que Atahualpa casi había dejado en ruinas. De todos modos, da una idea que aún antes de la conquista incaica fue ciudad muy principal. 

Cerro Yantuma

Otra importante ciudad existió al norte de la provincia de Huancabamba y el sur de  Ayabaca, en el distrito de Pacaipampa y que ahora se conoce como ruinas de Chulucanas o Chulucanitas por estar en la ex-hacienda que tenía ese nombre. Fueron estudiadas por el sabio Alejandro Humboldt y después, en el presente siglo, por el misionero redentorista padre Andrés Antzberger, que hizo una descripción más detallada de las mismas. La ciudad tenía las construcciones de piedra y distribuida una sección en cuadrados perfectos que parecían dameros. Para algunos historiadores esas ruinas pertenecen a la antigua ciudad de Caxas.  

La investigadora francesa Anne Marie Hocquenghem, que ha publicado un interesante libro titulado “Los guayacundos de Caxas y de la sierra piurana“ hace conocer que a 3,300 m.s.n.m. y al norte de la provincia de Huancabamba hay ruinas arqueológicas de impresionante extensión, donde existió una ciudad construida de piedra y una fortaleza. Los edificios -dice la investigadora francesa- tienen 100 mts. de largo por 10 mts. de ancho. Los muros de piedra semi canteada, están asentados en hileras sobre cimientos de piedras más pequeñas. Tales muros tienen alturas de 3 mts. Al centro hay una gran plaza de 100 por 100 metros y el conjunto se encuentra rodeado por un muro de defensa. 

Los guayacundos parecen haber construido varias fortalezas aprovechando los sitios estratégicos de la sierra que tenían muchos.

Cada ciudad importante esta defendida por una fortaleza. Todo hace suponer que la resistencia heroica que ofrecieron a los ejércitos conquistadores de Tupac Inca Yupanqui, no fue en Aypate, sino en otra construida en el cerro de Yantuma a 5 Kms. de la actual ciudad de Ayabaca. La fortaleza de Aypate sería más bien una construcción hecha por los incas. 

Los guayacundos, por su origen jívaro, eran de espíritu guerrero, pero todo hace suponer que no era por el lado de la costa donde existía el peligro de ser a su vez agredidos, sino de la misma selva amazónica de donde provenían; pues los guayacundos habían evolucionado rápidamente y se podían presentar como presas codiciables de sus hermanos de la selva. De allí su necesidad de construir gran número de fortalezas.  

El historiador Dr. Juan José Vega en su estudio “Los tallanes” expresa lo siguiente: “Todo indica un origen costeño para los tallanes, pero no faltó crónica como la de Miguel Cabello de Balboa que habló de una remota procedencia andina. El éxodo a la costa habría sido motivado por las guerras adversas que sostuvieron en sus asientos originales andinos, que fueron conquistados por Estados vecinos más poderosos, quizá Bracamoros o Huayucuntos”. Esto supone que los primeros habitantes de Ayabaca, jíbaros o de otras etnias de la selva amazónica que se habían asentado como grupos tribales primitivos, tuvieron que enfrentar, nuevas oleadas de jívaros o bracamoros, más belicosos o en mayor número, que los que expulsaron. 

Pero resulta que los tallanes difieren totalmente de los jívaros y los guayacundos, tanto desde el punto de vista lingüística  como racial.