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BREVE HISTORIA DE PIURA -  TOMO I

TIEMPOS PRE-HISPÁNICOS

Reynaldo Moya Espinosa

Carátula

Contenido

Del autor

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPITULO VII

LA VIDA DE LOS TALLANES. 

 

01.- El trabajo.

02.- Las costumbres

03.- La religión.

La diosa luna.

El culto al sol

Otros dioses. El culto a los muertos.

El dios walac.

Los ritos.

El mito de santo Tomás.

04.- La lengua.

Voces tallanes.

05.- La alimentación.

Ganado y animales domésticos.

06.- El vestido.

Las chaquiras y los spondylus

07.- Penas y castigos.

08.- La pesca.

09.- La navegación.

El comercio entre los tallanes.

10.- El arte de los tallanes.

11.- La guerra.

12.- Las enfermedades.

El mal de ojo.

El paludismo.

La verruga.

La viruela.

La sífilis.

Otras enfermedades.

Los curanderos y la medicina.

 

Los curanderos y la medicina. 

Un curandero

Como en todo tiempo y lugar, en la región tallán y en el Imperio de los Incas en general, la curación de los enfermos estaba ligada con practicas y ceremonias religiosas. Por tal motivo, muchas veces los curanderos o hechiceros y brujos, eran también sacerdotes.

La practica mágica-religiosa, en la medicina, era lo que se imponía y lógicamente abundaban las supersticiones, lo cual no  debe llamar la atención, por que los conquistadores, también eran supersticiosos y muy poco pudieron aportar en el campo de la medicina científica.  

Los hechiceros, al decir del padre Murúa, sobaban el cuerpo del enfermo, sobre todo las partes adoloridas o donde se suponía estaba el mal, con sebo, o con trozos de cuy, lagartijas o sapos. Esto de pasar batracios sobre vientres enfermos son prácticas que aún se han conservado en las zonas campesinas. El que hacía de hechicero, practicaba una pequeña incisión en el lugar afectado y chupaba sangre. Luego mostraba al paciente la sangre malograda, o también piedras o gusanos. Demás estar decir que de todo se había proveído anticipadamente al curandero. En la Edad Media, en Europa y hasta los primeros años de la Edad Moderna, las sangrías eran muy utilizadas para curar los males y hasta se usaban sanguijuelas. 

Algunas veces se hacían ofrendas a los dioses, con las mismas especies que se utilizaban como remedios, es decir hojas de coca, sebo y restos de carne de cuy.          

Las dolencias podían ser originadas por diversas causas según el criterio de los hechiceros tallanes. Así, podía ser ocasionada por otros o sea estar hechizados, o también ser presa de espíritus malignos a los que había que extirpar con prácticas mágicas en uno u otro caso. No se descartaba  que el paciente estuviera sufriendo por haber pecado. Como se puede apreciar, no había mayor diferencia entre las supersticiones de los españoles que llegaron hasta tener un rey al cual llamaban y suponían hechizado y  sólo era un demente. 

En algunos casos se utilizaba el maíz que se molía y el polvo se frotaba en el cuerpo. A las conchas les atribuían efectos curativos, lo mismo que a las esmeraldas. En Porto-viejo los indios decían que tenían escondida una esmeralda de gran tamaño que tenia efectos maravillosos por lo cual se le adoraba como una diosa. Los indios se negaron mostrarla a los españoles porque creían firmemente que al ser tocada por un hombre blanco se perdía el mundo.         

Se utilizaba muchos brebajes para tratar de curar a los enfermos. Como es dable suponer, algunos al estar contraindicados mataban al enfermo, pero en gran cantidad de casos los sanaban porque se conocía el poder curativo de muchas yerbas, que se mantenían en secreto de generación en generación. Entre los Chimús había la práctica de que cuando un médico o hechicero dejaba morir a un paciente, era condenado a muerte. Este uso se extendió a los tallanes, y por tal motivo no se aventuraban a prácticas que pudieran –en su criterio– resultar ineficaces. 

Cuando una dolencia era causada por un hechizo, es decir era un “daño”, se tenía que lograr descubrir el contra-hechizo. Esto, dividió a los brujos como hasta ahora en blancos o buenos y en malos. El hechizar a una persona era sancionado en la época del Imperio con la pena de muerte, que muchas veces se extendía a la familia del hechicero para extirpar de raíz la práctica.  

Era casi una costumbre, que al iniciarse  la curación de un enfermo se hiciera ofrendas a loa dioses para tenerlos favorablemente. En algunas circunstancias era necesario purificar el ambiente, ya sea con aspersiones de líquido o sahumando. En otras oportunidades la purificación tenia que hacerse al enfermo, al que se llevaba al río más próximo y se le bañaba, al mismo tiempo que se le frotaba polvo de maíz. Si el enfermo no podía trasladarse a un río, se le hacía el baño a domicilio. 

A los médicos se les pagaba con comidas, ropas, o recipientes. Algunas veces se les obsequiaba ganados. 

A veces se buscaba de antemano adivinar si el enfermo se iba a curar o no. Habían en la costa diversos adoratorios y hombres que actuaban como oráculos. No se descarta que en la región tallán existieran muchos de éstos. Famoso como oráculo era Pachacamac con templo, y con sacerdotes. Fue uno de esos el que vaticinó que Huyana Capac se iba a curar, pero murió a causa de las viruelas. Por eso cuando Atahualpa avanzaba por Huamachuco, tuvo intención de hacer prender al sacerdote de Pachacamac para hacerlo morir por haber fallado.