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BREVE HISTORIA DE PIURA -  TOMO I

TIEMPOS PRE-HISPÁNICOS

Reynaldo Moya Espinosa

Carátula

Contenido

Del autor

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPITULO VII

LA VIDA DE LOS TALLANES. 

 

01.- El trabajo.

02.- Las costumbres

03.- La religión.

La diosa luna.

El culto al sol

Otros dioses. El culto a los muertos.

El dios walac.

Los ritos.

El mito de santo Tomás.

04.- La lengua.

Voces tallanes.

05.- La alimentación.

Ganado y animales domésticos.

06.- El vestido.

Las chaquiras y los spondylus

07.- Penas y castigos.

08.- La pesca.

09.- La navegación.

El comercio entre los tallanes.

10.- El arte de los tallanes.

11.- La guerra.

12.- Las enfermedades.

El mal de ojo.

El paludismo.

La verruga.

La viruela.

La sífilis.

Otras enfermedades.

Curanderos y medicina.

 

La lengua. 

Una característica más que diferencia a los Tallanes del resto de pueblos que conformaron el gran Impero Chimú, fue un lenguaje propio. En ese sentido y mostrando una vez más su carácter independiente, no adoptaron ni el idioma Mochica o Muchic ni el Quechua de los Incas. 

Guamán Poma al enumerar los idiomas que existían en el imperio Incaico, menciona los siguientes: Aymara, Puquina, Cunti, YUNGA, Quichiua, Inga, Uanca, Chinchaysuyo, Yauyo, Andesuyo, Condesuyo, Collasuyo, Cañari, Ca llampi y Quito.   

Es decir, que bajo la común denominación de Yunga, comprende a todos los idiomas existentes en la costa norte del Perú. 

Luis Valcárcel en su monumental obra “Historia del Perú Antiguo”, da los siguientes idiomas que se hablaban en el Imperio: el Quechua, Aymara, Puquina, Mochica o Yunga, el Sec, el Quingnam, el Culli, la lengua pescadora, el Chumbivilca, el Lupaca, el Tampu, el Kauki o Jake zuru y el Uru.     

Para este historiador el Muchic fue el cuarto en importancia y se hablaba desde Lambayeque hasta las proximidades de Lima. El Sec se hablaba de Piura hacia el norte; el Quingnam, “en un pequeño sector de la costa norte, lo mismo que la pescadora, en tanto que el Culli lo fue en el Callejón de Huailas”.  

El cronista Oviedo, al referirse a la costa norte, asegura que “en cada provincia hay una lengua y un traje diferente. Así, la del valle del Chira es la llamada lengua de los tallanes”. 

Es decir que centra en este valle, lo que podría llamarse el núcleo de la región tallán, posiblemente porque en aquel entonces era la más poblada de la región. 

El cronista Gutiérrez de Santa Clara al referirse a los yungas, expresa que se hallaban muchos idiomas, pero que Tupac Inca Yupanqui, al conquistar la región impuso como oficial el Quechua, sobre todo entra los hijos de los curacas y de los grandes señores, que estaban destinados a servir al Inca. Pero, los 50 ó 60 años que estuvieron los tallanes sometidos a los Incas, no fueron suficientes como para imponer el Quechua en la región.     

Algunos han manifestado que los tallanes tuvieron dificultades para aprender el quechua, pero eso no que cierto. El hombre tallán era de viva inteligencia y muy despierto, y eso prueba que Filipillo, Martinillo y Francisquillo, no sólo denominaban el quechua norteño, sino además rápidamente lograron aprender el español y servir de interprete.   

Uno de los que aseguran que los yungas no pudieron aprender el quechua, es nada menos que Cieza de León. Lo que sucedió en realidad, es que  los mochicas y en especial los tallanes, no quisieron usar el quechua, símbolo de la opresión Inca. 

El Padre Calancha, dice que el Chimú logró hacer tributaria toda la región comprendida desde Paita y Tumbes hasta Paramonga e introducir su lengua natural que se hablaba en Trujillo, y que era el quingnam, la que se generalizó entre los valles de Pacasmayo hasta Lima. Los demás valles norteños hasta Motupe hablaban el muchic, aún cuando eso escribía Calancha en 1650, había otra hablada en la zona de Olmos y siempre según el mismo cronista, también el Sec. Al idioma llamado “la pescadora” lo calificaba de bárbaro, desabrido y gutural.    

Contemporáneamente con el Padre Calancha, el P. Fernando de la Carrera y Daza, cura Lambayecano, en 1644 hizo una gramática, llamada “Arte de la lengua Yunga”, en la que consideraba a la lengua de los costa norte como una sola con diferencia locales. 

El Obispo de Trujillo, Martínez Compañón y Bujanda, al hacer una relación de lenguas y dialectos de su diócesis y un vocabulario breve de los mismos, menciona al Culli que se hablaba en Huamachuco y otro dialecto en Sechura, que posiblemente fue el Sec.   

En 1864, Spruce hace una recolección de 37 palabras de la lengua de los tallanes. Luego en 1892 el arqueólogo e historiador Ernest Middendorf, se traslada a Eten, puerto en donde aún se hablaba Muchic, hizo un estudio más científico de esta lengua. Muy de lamentar fue la perdida de los cilindros de cera en los que Bruning grabó numerosas palabras mochicas. 

En 1944 el chiclayano Jorge Cevallos Quiñónez, realizó otro estudio, logró reunir 1504 voces de los idiomas de la costa norte, basado en los trabajos de La Carrera, Middendorf y de Paul Rivet. Coincidiendo con el Padre Calancha, asegura que el Quingnam era originario del valle de Chimor y de ahí se extendió a toda la comarca. 

La extinta arqueóloga piurana Josefina Ramos Cox, puso esfuerzo y dedicación en el estudio de la lengua de los tallanes, habiendo publicado en 1943 la obra: “Las lengua en la región Tallanca”. 

Parece que el Sec, tenía además una característica fonética muy especial. Se expresaba con una especie d canto, que aún ha quedado en la “fabla” de los piuranos, lo cual los hace inconfundibles en el resto del Perú. 

Es decir que le Sec, no murió del todo, ya que su entonación fonética se trasladó al castellano. 

En los tiempos actuales, el escritor e historiador Carlos Robles Rázuri, ha sido un inquieto investigados de la antigua lengua tallán. 

Sólo unos cuantos toponímicos parecen ser los rastros del antiguo Sec, como Casaraná, Pelingará, Huangalá, Narihualá, Cocongorá, Mocará, Chapairá, Tacalá, Virrilá, Tangarará, Puyuntalá, Simbilá, Huaypirá.  

¿Cuánto tardó el pueblo Tallán para crear su lengua propia?. 

Eso no es cuestión de unos cuantos años. Crear una lengua es un proceso de siglos y si logra hacerlo resistiendo influencias extrañas, habrán que admitir entonces que ese pueblo ha sido de una cultura propia. 

Es decir, que el desierto marcó para el pueblo tallán una frontera en todo orden de cosas. Al ser incorporados primero por el Gran Chimú y más tarde por los Incas a sus respectivos imperios no logrados sin embrago asimilar a ese pueblo tan amante de su independencia. Fue necesario sólo que llegaran los españoles, para que el nuevo idioma se impusiera dentro de ese proceso general de transculturación. 

Alfredo Torero, en “Deslindes Lingüísticos en la Costa Norte Peruana”, se refiere también al Sec y da muy interesantes datos. 

Expresa que bajo el genérico nombre de SEC se ha tratado de involucrar a todas las lenguas de la costa piurana, pero que habría que notar tres diferencias idiomáticas muy marcadas entre los lenguajes de los indígenas de Colán-Paita, Catacaos y Sechura. Entre los dos primeros  habían notables afinidades, pero muchas diferencias en canto al último.

El dialecto Sec que se hablaba en Colán, era el que usaban también los indios de Paita, Pariñas y demás pueblos del vallo del Chira. 

El dialecto Sec que se hablaba en Catacaos, era también el que se hablaba en la región del Alto Piura, aunque con ciertas variaciones por  haber sido zona Vicús. 

En cuanto al dialecto Sec de Sechura, se hablaba con alguna inflexiones y eso se debe a que los olmanos eran originarios de Sechura. Muchos siglos antes, grupos de sechuranos habían cruzado el desierto y se ubicaron en Olmos donde se dedicaron a la agricultura y al arrieraje. 

Dice Torero que estudios hechos con el Sec, han permitido establecer las diferencias entre los diferentes grupos lingüísticos, y también con el Mochica y el quechua. Damos a continuación un resumen: 

- Colán con Quechua, de 35 voces, es común sólo 1, lo que da 2.86 % de afinidad.

- Colán con Mochica, de 33 voces, es común sólo 1, lo que da 3.03 % de afinidad.

- Colán con Sechura, de 34 voces, es común sólo 10, lo que da 29.41 % de afinidad.

- Colán con Catacaos, de 30 voces, es común sólo 26, lo que da 86.67 % de afinidad.  

- Catacaos con Quechua, de 32 voces, no hay ninguna común, no hay afinidad.

- Catacaos con Mochica, de 32 voces, son comunes 1, lo que da 3.13 % de afinidad.

- Catacaos con Sechura, de 31 voces, son comunes 10, lo que da 32.26 % de afinidad.  

- Sechura con Quechua, de 36 voces, no hay ninguna común.

- Sechura con Mochica, de 36 voces, no hay ninguna común. 

Esto muestra que el dialecto de Sechura, tiene bastantes diferencias con el de Catacaos  no obstante su cercanía; y un poco más de diferenciación con el Sec de Colán. Pero esto no se debe a una influencia  lingüística con el Muchic, pues ni con esa lengua ni con el quechua tiene afinidad alguna. Es pues una especie de isla idiomática. 

El quechua, nunca se enraizó entre los tallanes. Doscientos años después de la Conquista casi nadie lo hablaba en la costa de la región Piura-Tumbes, mientras que todavía subsistía en Huancabamba. Los últimos censos nacionales muestran que los únicos departamentos en los que nadie usaba el quechua como lengua habitual, eran Piura y Tumbes.