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BREVE HISTORIA DE PIURA -  TOMO I

TIEMPOS PRE-HISPÁNICOS

Reynaldo Moya Espinosa

Carátula

Contenido

Del autor

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPITULO V

MITOS Y LEYENDAS DE LA COSTA NORTE. 

 

01.- Los dioses creadores.

02.- Wiracocha.

03.- Con y Pachacamac.

04.- Tunupa

05.- Los dioses fundadores.

06.- La leyenda de Naylamp.

07.- La leyenda de Ñamla.

08.- El origen de Naílamp.

09.- Tucainamo.

10.- Leyenda de Tumbe y la fundación de Tumbes.

11.- Los gigantes de santa Elena.

 

10.- Leyenda de Tumbe y la fundación de Tumbes.

El padre Giovanni Anello Oliva, fue un jesuita muy ilustrado como tolos los de su tiempo. Nacido en Italia en 1572 y joven aún llegó al continente americano, residiendo primero en Quito y luego en Lima. 

 El padre Oliva, se interesó mucho por las leyendas de los indios y por su historia. Fue así como logró crear una fantástica trama para explicar la fundación del Imperio de los Incas. 

De acuerdo a todo lo relatado por el padre Oliva, la historia se inicia en las costas del Ecuador, un poco más al norte de Tumbes. 

Después del diluvio, dice Oliva: “quizá vinieron por mar, por la tempestad desatada los primeros pobladores al Perú entrando por Caráquez (en la costa de Ecuador) en donde poblaron e hicieron alto y de donde después, tiempo adelante se fueron  extendiendo en las demás tierras y provincias del Perú.” 

Como es fácil suponer, Tumbes y Piura constituyeron lugares obligados para el paso de esas gentes. 

De Caráquez, un grupo numeroso pasó a Sumba, llamada más tarde Santa Elena, en donde se distinguió el reinado del cacique Tumbe o Tumba. 

Tumbe despachó expediciones hacia la zona de Tumbes para descubrir nuevas tierras pero todo terminó en fracaso. Tumbe tenia dos hijos: Quitumbe el mayor era valeroso, sereno y sagas; mientras que el menor Otoya era ambicioso y lleno de defectos.Al morir Tumbe, el hijo mayor prefirió abandonar Sumba para no entrar en discordia con su hermano, y se dirigió al sur con gran número de sus partidarios, estableciéndose en un lugar cercano al mar en donde fundó el pueblo de Tumbes, nombre que puso en memoria de su padre. 

En Sumba había quedado Llira esposa de Quitumbe que al poco tiempo dio a 1uz un niño muy bello al cual se le puso por nombre Cuayanay que significa Golondrina. 

Quitumbe olvidando a su familia se entregó a la sed de nuevas conquistas y organizó una expedición por mar que llegó hasta el Rímac.

Mientras tanto en Sumba, el disipado Otoya sólo se había entregado a la vida de placeres y por eso cuando aparecieron en santa Elena unos disformes y crueles gigantes no les pudo hacer frente, siendo vencido y apresado, muriendo poco después. Pero los gigantes cometieron el pecado de la sodomía, por cuyo motivo fueron destruidos por fuego caído del cielo. 

Quitumbe cuando supo que los gigantes habían invadido Sumba, fue presa de gran temor y huyó de Tumbes con gran cantidad de personas, metiéndose mar adentro en numerosas canoas hasta llegar a la isla Puná. Al cabo de cierto tiempo Quitumbe se interno en las serranías y fundó la ciudad de Quito. Pero al poco tiempo dejo esta ciudad y bajó a la costa de Tumbes y de Piura, siguiendo hasta el Rimac en donde edificó un templo a Pachacamac, lugar en donde murió. 

La leyenda cuenta una serie de aventuras del niño Cuayanay, que tuvo que huir de su madre que quería sacrificarlo a los dioses y refugiase en una isla hasta los 22 años en que se trasladó a tierra firme en donde un curaca lo apresó.   

Cuayanay era un hermoso doncel, de alto porte, tez blanca de complexión atlética y cabellos crespos. 

El curaca lo condenó a muerte y mientras esperaba la sentencia fue visitado por muchas jovencitas atraídas por su hermosura. Una de ellas, Cigar la hija del curaca se enamoró del joven y ofreció liberarlo. Engañando a los guardias logró hacerlo y los amantes huyeron juntos, tras matar a varios perseguidores, los jóvenes llegaron a la orilla del mar, y en una balsa retornaron a la isla donde antes había estado Cuayanay. Allí vivieron felices muchos años y tuvieron muchos hijos en unión con los pocos indios que los habían acompañado y que también llegaron a tener mucha descendencia. 

Hijo de Cuayanay y de Cigar, fue Atau y de este nació Manco Capac, al cual su padre dio la misión de conquistar tierra firme. Al cumplir Manco Capac 30 años, se dirigió con gran séquito y canoas al continente, y tras caminar mucho tiempo llegó al Lago Titicaca, para de ahí dirigirse al Cuzco y fundar el imperio. 

Como se puede apreciar, la leyenda recogida por el padre Oliva de los indios ecua­torianos, hacen de Manco Capac, un hombre de la costa sur del Ecuador y tanto él como sus antecesores, de acuerdo a tal mito, tuvieron que recorrer también los parajes de Tumbes y Piura. 

La leyenda de tipo quiteñista, nació seguramente a raíz del triunfo de Atahualpa sobre Huáscar para hacer prevalecer la idea de que Quito y Tumbes fueron fundados antes que el Cuzco, y el imperio fue fundado por un príncipe quiteño.