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Contenido

Del autor

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPITULO VII

LA VIDA DE LOS TALLANES. 

 

01.- El trabajo.

02.- Las costumbres

03.- La religión.

La diosa luna.

El culto al sol

Otros dioses. El culto a los muertos.

El dios walac.

Los ritos.

El mito de santo Tomás.

04.- La lengua.

Voces tallanes.

05.- La alimentación.

Ganado y animales domésticos.

06.- El vestido.

Las chaquiras y los spondylus

07.- Penas y castigos.

08.- La pesca.

09.- La navegación.

El comercio entre los tallanes.

10.- El arte de los tallanes.

11.- La guerra.

12.- Las enfermedades.

El mal de ojo.

El paludismo.

La verruga.

La viruela.

La sífilis.

Otras enfermedades.

Curanderos y medicina.

 

La pesca. 

La pesca tallán

Los antiguos peruanos, sobre todo los que vivieron cerca al mar, tuvieron en las conchas, mariscos y peces su principal alimentación. 

Eso los convirtió en pueblos de pescadores, desde los tiempos remotos, aun antes de conocer la agricultura.  

Con el correr de los tiempos y aun cuando fue progresando en cultura y diversificando si alimentación, el antiguo poblador de Piura, nunca dejó el mar y más bien se convirtió en un dominador de todos sus secretos.  

Illescas fue un pueblo de pescadores en su asentamiento, cuando aún no conocían la cerámica. León Kostritsky en su obra “Hallazgos Arqueológicos que demuestran la existencia de un antiguo pueblo pescador” editada en Lima en 1955, habla de una extensa y sorprendente ciudad arqueológica, situada en la parte occidental de la península de Illescas. En este lugar se han encontrado restos de redes y tejidos, pero no de arcilla. Las redes son de dos clases; unas que tienen la malla asegurada por nudos fijos y otras con enlaces corredizos. Las redes estaban teñidas de diversos colores, siendo asombrosos que ni el agua del mar, ni el tiempo, los haya desvanecido.      

Pesca tallán

Federico Engel, en “Algunos datos con referencia a los sitios pre-cerámicos de la costa peruana”, (editado en Lima en 1558), asegura haber descubierto en Talara en pleno tablazo, en donde muchos milenios pasados existiera una extensa laguna frente a Negritos, extensos bancos de conchas que sirvieron de alimento a primitivos pobladores, entre los cuales habían redes de pescar y algo que parecía pesas para redes. Este hallazgo al cual ha hecho frecuente referencia el arqueólogo alemán Horkheimer, corresponden a una época muy antigua, cuando un hombre piurano, no conocía la cerámica, y ni siguiera utilizaba el algodón –que crecía al natural– para hacer sus vestidos, pero sí para hacer sus redes. Se duda que hubiera fabricado en esos tiempos algunas baleas, para utiliza las redes, pero de lo que sí puede asegurarse es que utilizaban a la calabaza como flotadores para suspender un extremo de la red, mientras con pesas sumergían el otro extremo. De ese modo atrapaban peces de superficie. Hallazgos similares se han logrado en la bocana del río Chira.          

Tejiendo la red para pescar

Con el correr del tiempo, aparece el anzuelo de hueso o de madera dura, lo mismo que los arpones y las balsas. El aporte de nuevos inmigrantes llegados por mar al suelo piurano, no sólo contribuyó a crear un hombre nuevo con rasgos étnicos muy propios que fue el tallán, sino que también sumó sus conocimientos sobre la pesca y el arte de la navegación, a los que ya habían logrado los antiguos residentes.     

La importancia del mar entre la gente de la costa, comprendida Piura, en ella, se puede apreciar que en el hecho de que fue deidificado y se le llamó Ni. 

Pero hay que advertir, que para la pesca, los tallanes utilizaron posteriormente balsas pequeñas, con las que penetraban sin embargo profundamente en el mar, dejando las grandes para la navegación. 

Arrastrando una balsa

En 1528 al finalizar Pizarro su segundo viaje, recorrió por primera vez la costa peruana hasta Santa, y por todas partes encontró que de los pueblos le salían a recibir gran número de balseros y lo mismo los encontraba en el mar, entregados a las labores de pesca. Pizarro no sólo bajó en la costa de Lambayeque para atender a la cordial invitación de la Capullana, sino que también lo hizo en la costa piurana a la altura de Cabo Blanco, para tomar posesión de la región en nombre del rey y evitar que otro se le adelantase. Este hecho histórico que fue en Mayo de 1528, representa la primera vez que el conquistador pone sus plantas en tierra piurana. El desembarco lo hizo en balsa ayudado por los indios paiteños, pero como no estaban acostumbrados a los bruscos movimientos de ese medio de transporte, por poco pierden el equilibrio, pero no pudo evitar el perder su espada. Algunos cronistas aseguran que la capullana fue la de Pariñas. 

Cuando en el siglo XVII en plena colonia el corsario inglés Dampier llegó a Payta, en 1683, pudo observar la pericia de los hombres del puerto en la navegación y por eso años más tarde al escribir sus memorias, diría: “los indios de Colán son todos pescadores. Pescan en el mar en embarcaciones hechas con troncos de árbol”. 

Los tallanes no sólo pescaron para su propia alimentación, sino también para industrializar el pecado y para comerciar con él. 

Comercializando la pesca

El pescado que no utilizaban, lo salaban, secaban y ahumaban. De esa forma podían enviarlo a la sierra del Ecuador y del resto del Perú. Es decir, que la pericia que ahora tiene para conservar el pescado, data de milenios.          

Luis Valcárcel, en “Historia del Perú Antiguo”, asegura que de acuerdo a la leyenda de Viracocha, éste al llegar al mar, enseñó a los pueblos de Paita, Tumbes, la Puná y Puerto Viejo, el uso de la red y las técnicas de la pesca.   

Pero el mar no sólo les dio alimento bajo la forma de peces y animales marinos como los lobos de mar, o de mariscos; sino que también los proveyó de abundantes perlas. Los indios conservaron como un gran secreto el lugar de los asientos perleros y con el tiempo al morir ellos, se fue perdiendo noticias de su ubicación. Habían muchas perlas en Panamá, Ecuador y la costa de Piura-Tumbes. 

En faena de pesca

Inca Yupanqui, al llegar al territorio tallán pudo comprobar la gran abundancia de perlas que se extraían del litoral, pero prohibió su pesca por que los hombres tenían que zambullirse, con gran riesgo de su vida y enfrentar a peligrosos animales del océano que los atacaban, como los tiburones, las tintoreras y la mantas. Los españoles restablecieron la industria de la extracción de perlas y la explotación del nácar, pero en lugar de indios utilizaron a los negros que eran mejor nadadores y zambullidores que los blancos. Juan Salinas de Loyola, en las últimas décadas del siglo XVI se refiere a estos ricos bancos de perlas. Los cronistas Cobo y Acosta a su vez hacen conocer el peligro que enfrentaban los negros al sumergirse en el mar, en donde gigantescas mantas los comprimían contra las roca o contra el fondo. Muchas veces, se producían una gran tragedia debajo de las aguas, cuando el negro nadador hacía frente a las mantas cuchillo en mano y a veces resultaba ganador. 

Dice Juan Salinas de Loyola, “hánse hallado muchas señales de que las costas  -de cabo Blanco, Puná, Tumbes, Punta Aguja y Paita– de haber habido pesquerías de perlas, lo cual han tenido ocultando los naturales después que los españoles entraron en la tierra y no se han podido saber ciertamente y las muestran han sido en las huacas y enterramientos que se han descubierto, haber hallado mucha cantidad de perlas de muchos grandor y riqueza”.