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BREVE HISTORIA DE PIURA -  TOMO I

TIEMPOS PRE-HISPÁNICOS

Reynaldo Moya Espinosa

Carátula

Contenido

Del autor

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPITULO IV

LOS VICÚS

 

01.- La ubicación geográfica de Vicús.

02.- Antigüedad.

03.- Origen  del hombre Vicús.

04.- El descubrimiento de la cultura Vicús.

05.- Las tumbas.

La tierra de muerto.

06.- La población.

07.- La agricultura y los canales de riego.

08.- Los alimentos.

10.- Las clases sociales.

11.- La religión.

12.- La vida de la gente de Vicús.

13.- La cerámica.

Los huacos silbadores.

14.- La orfebrería.

15.- La estatuilla de Frías.

La colección Vicús.

16.- Área de influencia de Vicús.

17.- El fin de los Vicús.

18.- El simposio 1980.

19.- Nuevas investigaciones en Vicús: Ñañañique.

El cerro sagrado Vicús.

La antiquísima cultura de Ñañañique.

 

11.- La religión.

Cerro sagrado de Vicús

Para muchos pueblos antiguos de la costa peruana, sus Dioses salían siempre del mar y algunos volvían a él. Eran siempre personajes poderosos llenos de gran majestad. Lo infinito del mar, que siempre se perdía en el horizonte juntándose aparentemente con el cielo, constituía un misterio imposible de desentrañar. Por eso el mar para los antiguos fue una especie de morada de los dioses. Se le conocía con el nombre de mama-cocha o madre-mar, en el imperio Incaico. 

Los indios creyeron en un principio que los españoles eran enviados de los dioses, y como llegaron por el mar les llamaron Wiracochas, o hijos del mar o también espuma del mar. Cuando más tarde los conquistadores dieron muestras de crueldad inaudita, siempre los siguieron llamando Wiracochas, pero no como dioses, sino como especies de demonios, que no eran hijos de mujer. 

Cerro sagrado de Vicús

Garcilaso explica que los indios de la costa creían que la tierra flotaba sobre el mar, y que al atardecer el sol se retiraba a descansar en las aguas, pero a causa de su gran fuego y calor secaba parte de las aguas. Creían también que el Sol era un gran nadador que se zambullía en el agua y aparecía por el otro lado. 

El cronista Fray Gregorio García, en su obra “Origen de los Indios”, relata una leyenda que también había a recogido Betanzos, según la cual, Viracocha recorrió el Perú de un extremo al otro, avanzando hacia el norte, y tras de pasar por la región de Piura, llegó a Puerto Viejo y se metió en el mar. 

El cronista Sarmiento también refiere la 1eyenda de Viracocha y  de sus arribo por tierra a Puerto Viejo y Mantas, en donde ingresó al mar caminando sobre las aguas con dos criados, como si fuera espuma.

El degollador. En Vicús se ofrecían sacrificios humanos

Los cronistas Herrera y Cieza de León hablan de dos Viracochas y que uno de ellos habría llegado al norte. 

Sin embargo de ser tan generalizada esta leyenda, parece que el hombre de Vicús no la llegó a conocer por que no hay representación alguna en las decenas de miles de piezas de cerámica que se han extraído. 

Rebeca Carrión Cachot, discípula de Tello al cual sucedió en la  dirección del Museo Nacional de Antropología y Arqueología, hizo conocer en 1953 un mito que existía en la costa norte del Perú, de acuerdo al cual se habría divinizado a un ser ornitomorfo humanizado. Era una mujer con cabeza de pájaro que bien podía personificar a la luna, a la que llamaban Shi. 

Los vicusinos también han dejado ceramios representando a seres ornito-antropomorfos, pero no en una cantidad que puedan hacer pensar en la existencia de un culto a un ser alado. No es pues una idea predominante, la de ese supuesto dios femenino alado. 

Dios alado, con rostro feroz

Hay una gran cantidad de ceramios  que representan aves, pero en su forma natural y no deidificados. Lo mismo  sucede con la representación  de felinos, como el puma y el jaguar, paro como este es propio de la zona selvática, lo que se ha tratado de representar ha sido al tigrillo y aun al gato montés. 

Pero de lo que no hay duda, es de la existencia de una casta sacerdotal. Hay ceramios que representan hombres con máscaras de felinos, y atavíos especiales en momentos en que hacen sacrificios humanos. 

El respeto a los muertos, fue sin duda motivo del un ceremonial especial y la cremación de los cadáveres tuvo que hacerse con intervención del sacerdote o gran brujo. En las tumbas, además de huacos y objetos de metal, se ponían conchas perleras y también  perlas procedentes de Sechura.

 

Cerro Ñañañique (Fotografía aérea)